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Disfunciones visuales de los peques

Según los informes PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos) de 2014 y 2016, el número de fracasos escolares en España supera la media europea. El retraso o fracaso escolar es el resultado de la incapacidad de los niños de conseguir el rendimiento escolar establecido por los centros educacionales autorizados y, en un porcentaje alto por encima del 30 por ciento, este problema no está relacionado con las capacidades o inteligencia de los alumnos, sino con anomalías visuales de índole refractivas. Según Juan Carlos Martínez Moral, presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, “en estas fechas en las que los estudiantes regresan a las aulas después de las vacaciones, resulta esencial que su visión sea perfecta, para lo cual es imprescindible que a todos los niños se les realice un examen visual completo por parte de profesionales ópticos-optometristas, especialistas sanitarios de atención primaria de la Salud Visual”.

El aprendizaje en las aulas se lleva a cabo mediante procesos complejos e interrelacionados, siendo la visión uno de los más importantes, por lo que resulta básico llevar a cabo a estas edades tempranas revisiones visuales periódicas con el objetivo para descartar defectos refractivos como la miopía, hipermetropía, astigmatismos y fundamentalmente la ambliopía, u ojo vago, uno de los problemas visuales que más influyen en el retraso escolar. “Un problema de aprendizaje relacionado con la visión puede deberse a cualquier disfunción visual que repercuta en la lectura. Hay que tener en cuenta que la ambliopía incapacita al estudiante para fusionar las imágenes del ojo derecho e izquierdo y obtener una imagen única y tridimensional, por lo que esta disfunción da lugar a fatiga visual, malestar y afecta considerablemente a la eficacia de la lectura y el aprendizaje”, explicó el presidente del Consejo General.
El ojo vago o ambliope, que afecta sobre todo a niños menores de 7 años, presenta una agudeza visual inferior a menos de la mitad de lo considerado normal y esta baja visión mejora muy poco con el uso de lentes, por lo que urge un tratamiento específico llevado a cabo y controlado por ópticos-optometristas. Estos tratamientos resultan más eficaces cuanto más joven es la persona. Tiene una fase crítica tras la cual la recuperación no es posible, de ahí la importancia de su detección a tiempo.
Las familias, además de los profesores, tienen un rol fundamental para detectar estos problemas visuales mediante una serie de recomendaciones sencillas:


• Prestar atención a si el niño se acerca mucho a los libros o a la televisión.
• Distracción continuada al leer y baja comprensión de lo leído.
• Valorar si el niño se fatiga cuando está sometido a estímulos visuales.
• Mala escritura a mano.
• Si el niño acusa de tener la visión borrosa, tanto de lejos como de cerca.
• Fijarse en si entorna los ojos para mirar o fijarse en detalles lejanos.
• Observar si adopta posiciones de tortícolis (cuello torcido) cuando lee o hace los deberes, que a la larga pueden manifestarse como dolores de cuello o espalda.
• Astenopía (visión borrosa, fatiga visual y dolor de cabeza) con frecuencia.
• Hiperactividad durante la clase.
• Inversión de letras.
• Bajo rendimiento escolar

En definitiva, muchos de los síntomas de deficiencias visuales pueden confundirse con síntomas que también aparecen en algunos trastornos del aprendizaje. “Y algunos trastornos del aprendizaje llevan asociados problemas de visión, por lo que, siempre que un niño tenga dificultades con sus tareas escolares la primera estrategia es buscar las causas que las producen a través de la participación de maestros, psicólogos y ópticos-optometristas”, concluye Juan Carlos Martínez Moral.

Fuentes: CNOO



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